martes, 28 de febrero de 2017

Bachata al anochecer.

La bachata suena a todo volumen.

Cuerpos agitándose en la oscuridad como espectros multicolor.

En un taburete hay un niño, en la barra tiene dos muñecos, uno rojo y otro azul, los mueve entre botellines, como títeres se pelean y charlan (en su boca los labios se mueven imitando explosiones y chácharas). Y los deformes gigantes bañados de luces se agitan alrededor de él.

Está claro que lleva allí un buen rato, se aburre y la bachata no le gusta.

 A mí tampoco y yo no puedo tumbarme en un taburete panza abajo ni rebozarme por el suelo frotándome los ojos y arañándome el cabello hasta que un gigante me recoja y me limpie el polvo.

Acabo de salir de trabajar y no puedo tomarme en serio el asunto de la bachata. Uno se acostumbra a perder pequeñas batallas, a hacer concesiones circunstanciales. A uno le empieza a importar cada vez menos el estado general de las cosas mientras no le jodan.

Pero el chico aún pelea todas las batallas, de todos los tamaños, hasta caer rendido.

Aquí viene, su cara pierde pinceladas y tiende a lo minimalista, los labios se detienen, los muñecos enzarzados en mortal combate se vuelven apáticos y olvidan por qué habían venido a luchar a la barra del bar, quedan yertos y perdidos, tumbados entre la cerveza y los cacahuetes. Sus ojos se clavan en un punto fijo, su cerebro se cuelga en la contemplación de las sombras que danzan, para él es un paisaje extraño donde la magia rezuma palabras de lenguas antiguas, lenguajes que fluyen en la sangre, bajo la piel. Se empana, se atasca como la mosca aplastada en el aguacero, como el escarabajo clavado bajo el cristal, los parpados cierran la línea restante y se hace noche en la torre iluminada.

Se queda flojo sobre el taburete con las piernas dobladas y los brazos colgando.

Una de las criaturas se preocupa y sale de la niebla de la bachata.

Su madre.

Bajo el estruendo musical se adivinan las tiernas palabras que le dirige mientras acaricia su cara, levanta al adormilado y lo pasea, sus amigas se acercan y hay una marea de manos que le toquetean la cabeza, pellizcan las mejillas y tratan de establecer contacto verbal diciendo: “Cuchi”, “pequeñín”, “cari”, “ay que monada”, “hola cuchi” y “esta cansadito el pobre”.

El niño gira la cara para no verlas, con pocos resultados ya que la manada se viene arriba y comienzan a bailar de nuevo, la madre baila con él en los brazos, le dice: “escucha, escucha, vamos a bailar”. Y danzan alborozadas elevando sus curvas y espíritus al son de la bachata. El niño relaja las extremidades, dejándose caer lánguidamente hacia un infinito desfiladero, trata de demostrar que está cansado y que no le apetece alborozarse en un bar al son de la bachata, esconde la cara entre los pechos como si allí hubiera una cabina hermética donde podría aislarse un astronauta de los rigores espaciales, de la inmensidad helada donde vientos sin sonido aúllan las indescifrables voces de las estrellas nacientes.

La madre le baja al suelo para tratar de animarle, el niño está de pie entre los gigantes, mirando una docena de rodillas sin saber muy bien que se le pide, la tribu trata de mostrarle las peculiaridades del baile para que se una, pero lamentablemente la bachata es un asunto más complejo de lo que puede parecer a primera vista y el solo levanta los pies con desgana con movimientos patéticos y desincronizados.

La madre, seriamente preocupada porque su retoño no sepa bailar, le agarra de los brazos y le hace bailar, la cara del niño es tranquila pero severa, le menea por los hombros, parece un títere desmadejado agitado por el marionetista más triste de la ciudad, las amigas le rodean y hacen como que bailan con él, les hace mucha gracia dar vueltas alrededor de algo adorable y se carcajean borrachas mientras el crio trata de moverse al ritmo, está justo en su incapacidad para hacerlo el chiste, supongo yo.

En algún momento el niño se alza, se rebela contra la bachata y decide tirarse al suelo, lanzar un órdago, apostar fuerte por la vía de escape, hacerse el muerto.

Las mujeres se ríen menos y dicen “oh”, “estará cansadito”, “pobrecito”, “cosita”, y cualquier adjetivo con esa terminación y que implique lastima o ternura por el sujeto.
La rebelión triunfa y finalmente la madre, tras hablar con él se da cuenta de que tiene que salir de allí. Así que sale a fumarse un cigarro y le sienta en un coche, el niño mira la calle y parece más tranquilo, se agarra al brazo del gigante y mira alargarse el callejón hacia el final.

En el bar los muñecos continúan en la barra, yo también. Una borracha los coge y se ríe con labios amoratados de vino, como si hiciera años que no veía una herramienta de evasión imaginativa. Se los pone en los hombros y le dice a la amiga: “Échame una foto, échame una foto”.

Los muñecos no entienden nada.

Cuando salgo a la calle recuerdo que tengo un robot en la mochila, que siempre guarda al menos un par de juguetes estúpidos. En fin, para mí el robot no puede ser un robot, es solo un recordatorio de que hay que hacer siempre un poco el tonto, me gusta ponerlo en la mesa del café y mirarlo andar, pero es realmente complicado jugar con él, yo ya no puedo jugar con el maldito robot, no como el chico podría, por eso lo llevo encima, para no olvidarme de que hay que intentarlo.

La aproximación a niños, siendo un desconocido con barba de tres días es generalmente complicada, nadie cree que alguien como yo quiera jugar con un niño o contarle una historia, al acercarme me miran mal y sonrío para ablandar las cosas, me agacho frente al chico y le digo: “¿hola cómo estás?”. Como era de esperar, era lo que le faltaba al pobre y gira la cabeza para no verme en absoluto. “Mira”, le digo con el robot en la mano, no se gira, de modo que dejo el robot sobre el coche y lo enciendo, el robot ahí en medio hace algo extraño y todo el mundo lo mira, incluido el chaval, que de inmediato entiende que un objeto de tanto poder ha de estar en sus manos, me alejo para que vea que yo ya no tengo nada que ver con el robot y que renuncio a su uso. El niño lo coge y se distrae, seguro que él aun es capaz de llevar a ese robot de vuelta a su planeta.

Al fin y al cabo, no se cuanta bachata le queda por delante, necesitará estar armado con objetos mágicos de toda clase para no morirse del aburrimiento entre los gigantes incomprensibles y estúpidos. Es una lástima que ahora seamos solo eso. Una señora me pregunta: “¿Es para él?”
“Sí”, le contesto. “¿Cómo es que tenías un robot en la mochila?” Me pregunta.
“No lo sé”, contesto.

Y me aleje de allí pensando en si pillaría el autobús de y media, y en si la madre sabrá como cambiar las pilas con un pequeño destornillador cuando el pequeño robot se apague. El robot tenía dos horas de funcionamiento continuo.


Nunca volví a saber nada de él.





miércoles, 15 de febrero de 2017

Ensueño

Hay un último continente entre detrás y encima de los usualmente conocidos.

Un lugar sin cartografiar, más allá de satélites y demás máquinas voladoras, al que solo se puede llegar al viejo estilo, caminando.

Nadie suele visitarlo porque los caminantes se quedan a vivir en los demás continentes antes de llegar, o creen que no puede existir nada que no haya sido fotografiado y registrado en un libro de viajes, algunos sencillamente se cansan antes de llegar.

Pues bien, justo ahí, en el último continente, es donde se encuentran los monstruos.

En este lugar montañoso de cuevas interminables y cielos rojos, con llanuras demasiado luminosas para descansar tus ojos y ciudades demasiado retorcidas como para no perderse, viven los monstruos y estos como cualquiera, también duermen.

Duermen el primer día de sol tras semanas del feroz invierno que corroe tus huesos y cuando te enamoras, duermen cuando te ríes desde el estómago en logar de poner la mueca impostada habitual y recuerdas que cuanto hacia que no te reías como si fueras una persona y no una careta de cartón, cuando ningún autobús llega tarde y te gusta estar en tu piel.

Esa es la clase de momentos en los que los monstruos duermen.

A veces siestas de unos minutos cuando ves una persona que te gusta en el metro y las sonrisas vuelan como aves sin denominación científica, la magia gravita cubriendo de chispas la megafonía y los pulsos se aceleran como canciones en su cenit, pero ¡oh! Lástima, nadie hace nada al respecto, te bajas en la estación y la sonrisa es ahora un pañuelo de despedida a través del cristal, un “no suelo coger esta ruta”.

A veces duermen por semanas, cuando haces ese viaje extraordinario que planeaste en las horas para comer de tu trabajo y la libertad tañe tus pasos, alberga notas el horizonte como el pentagrama cambiante de una canción que narra tu entusiasmo, antes de recordar que aunque toda ciudad es distinta, los que viven en ellas son siempre los mismos.
O cuando regresas de la consulta, resulta que era benigno y durante muchos días la vida brilla y tú tienes permiso para estar aquí con los demás y te lo tomas en serio, existes a pleno rendimiento asiendo la belleza con un parpado y el placer con el otro, agradecido de cada minúsculo detalle que antes habría sido invisible, habría quedado a un lado mientras caminando, bajabas los infinitos muros de Instagram.

Entonces es cuando duermen los monstruos
Y los monstruos también sueñan, sueñan con nosotros.

Con un niño que hace tropezar al que corre por diversión, con la señora que llama a la policía para que se vaya un barbudo del cajero, sueñan con infantes expuestos a hombres lascivos, con los acusadores que conservan su puesto de trabajo a precio de su dignidad, largamente sepultada bajo los números ascendentes, con manifestaciones llenas de brazos alzados y rostros rojos, sueñan con la guerra y la matanza, sueñan con eso que solo tú sabes que hiciste y tratas de olvidar para seguir siendo un buen tipo, sueñan con aquello que baja de la noche y se aloja en tu estómago, retorciéndose como las grasientas palabras de un mundo desierto donde todo lo que nace muerde y con el desamparo callado que aprieta los dientes de la imaginación que ataca al que la produce.

Sueñan con nosotros asesinando, violando y escupiendo, volviéndonos negros como la sangre seca.

Y les gusta soñar porque entonces saben que no están solos en su continente, que aunque alguna vez desaparecieran, su labor seria venerada y seguida por las pequeñas criaturas sin pelo, con una imaginación especial para el dolor.

Los monstruos alivian su titánica soledad en los sueños y en nuestras mascaras. Y el continente se amplia, no parece tan cubierto de truenos, tan afiladas sus rocas, ni tan demente el grito del bosque.
Supongo que tú también cierras los ojos y dejas ir la ilusión interminable de ser, es decir, imagino que duermes de vez en cuando. Supongo que te marchas hacia la isla sin océano. Pues mientras te ocupas en estas cuitas has de saber que te observan seres con los brazos como robles y dientes como mandobles, te acompañan gigantes y bestias, en otros tiempos quizás incluso habrías podido verlos, porque no se puede imaginar realmente algo tan terrorífico, usualmente enfrentados a peligros como lavadoras que llenar o menús del día. 
Todas las garras que pensamos son de gato y todos los picos de periquitos o quizás de ganso. Por eso al soñar se parecen solo a sombras.

Sombras que tapan el sol y desgarran el aliento.

Sombras que se marchan después por las rendijas del armario, bajo la cama y por los callejones oscuros de vuelta hacia su continente, un puñado de sombras que regresan a casa.


A veces en la noche escucharás ruidos extraños
Roces de garras y batir de alas
Desde el continente perdido
Alguien recorre los desfiladeros
Déjalos entrar
Solo quieren mirar
Encogidos en la habitación
Solo quieren poner la zarpa en tu frente

Y llenarte de aullidos.



sábado, 19 de noviembre de 2016

PEM

Hoy la lluvia es fuerte como en los viejos inviernos.

Un hombre que corre puede ocultarse en su sonido
siempre que aún no haya escapado de sus manos.
La lluvia escapa con el tiempo, hasta ser sólo agua
contra el techo de paraguas.

Si has guardado algo de tormenta
bajo el músculo
puedes oír su llamada, los surcos que abre sobre el vacío,
caminos poblados de animales negros, ciudades varadas en la noche.

Vagarás tras la cuna del silencio
con la solemnidad de un santo desterrado.
con los viejos rituales naufragados en la luz,
ocultos en las hendiduras del mundo plano
despertando a los magos y a las bestias.

Ahora que arriban los puentes
tendidos sobre el hormiguero
me pregunto,
cuanto podré retener lo que abisma la llaneza de la calle,
cada día más callada,
ausente de posibilidad,
clavada en un ojo hueco.
Si hace su trabajo el tiempo
mientras se funde lo imposible
en la forja de hombres vacíos.

Las últimas gotas de tormenta
se agitan en el puño cerrado del insomnio,
palabras abandonadas por la lluvia al caer:

El delirio aguanta sin la locura,
la sangre puede moverse
fuera de los caminos señalizados,
la tempestad
es la medida del olvido.

Lenguas perdidas que llegan
rápidas como la rabia.

El oído se adelanta cuando la lluvia
viene solo a por ti
en la inmensidad gris
y sincera.

Cuando viene a por ti
          solo
y recuerdas
que más allá de tu rostro
se extiende el lugar
donde las huellas se pierden
en luces celestes,
poluciones nocturnas
de la inflamación del sueño.

En el puño cerrado de la tormenta,
donde anidan las lunas
y diminutos pasajeros perdidos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Animal

Escribo como el que huye,
escribo para dar alcance a otra versión de lo inmóvil,
en una carrera cuya modalidad es aquello que te aleja.

Alcanzar una breve soledad
es un millón de años con el corazón al descubierto
y solo se llega al lugar,
después de largos ascensos
sin voces rodeando tu silencio.

Si el motivo de la carrera
es el terror,
la decepción,
el odio
o el valor.

No tiene respuesta
pero cuando no corro
es lo que escudriña el fondo marino del sueño
y me devora.

Hay muchas formas de estar muerto
yo prefiero
las que uno mismo
se ha buscado.

viernes, 26 de febrero de 2016

Vigilia inesperada

Omnos dormía embutido en su traje sucio y raído sobre la cama plateada, cuya forma cambiaba continuamente para adaptarse a su cuerpo tendido.

No estaba realmente dormido, se deslizaba cálidamente por la frontera entre imágenes y ausencias. Como un caminante del recuerdo y lo imposible, Omnos caminaba por la tierra, donde se entremezclaban los rostros anónimos de la masa atravesando las calles plomizas. Él iba a algún sitio ligeramente dibujado, a comprar latas de judías o al cine, caminaba sin el peso en los zapatos de un objetivo concreto y se distraía largamente con los neones, los ojos de los desconocidos, el reflejo de los coches bala surcando el firmamento sintético.


Se sentaba al borde del mar eléctrico, fumando hasta caer rendido, mecido por el sonido de las olas, que recordaba al de unas ondas interrumpiendo la señal de la televisión, los grandes cachalotes neutrónicos perfilaban largas sombras a lo lejos y él tenía el gesto propio de alguien que ha visto demasiadas pesadillas como para no disfrutar el mero hecho del paisaje.


En el último prado, corría y una mano de mujer danzaba sobre los campos de césped movidos por la brisa que corre los días sin tristeza, jugaban a atraparse tontamente como si el aire estuviera a merced de sus brazos revueltos. Miraba su mano con detenimiento, disfrutando cada línea, arruga, cada movimiento sutil de los dedos. Imaginando el idioma de signos que conformaban y pensando en si habría alguna forma de traducirlo en palabras, si la había él no podía encontrarla, por eso la tocaba despacio, sin decir nada.


Al otro lado del abandono lánguido de Omnos, se encontraba el sótano con un dormitorio, cocina y en general todo lo que suele conformar un habitáculo humano. En el piso medio estaba la sala de mandos, llena de pantallas liquidas que lanzaban luces suaves y cifras interminables mientras flotaban sobre la pared, bajo ellas una larga hilera de ruedas, botones y demás archiperres propios de la navegación, se repartían a lo largo de una mesa curva. En el piso superior se encontraba la sala de máquinas y diversos mecanismos zumbaban en la oscuridad como una colmena bulliciosa.



La nave tenía forma de espiral surcada por grandes antenas en línea recta que atravesaban la curvatura de su contorno, era de color cobrizo a causa del desgaste de largos años de viaje y tenía parches de reparaciones aquí y allá, en su base los propulsores lanzaban llamas coloridas sobre la oscuridad.

Es una obviedad que un despertador es la manera óptima de salir de ensoñaciones perezosas, no obstante, cuando viajas en una nave cruzando los paramos galácticos, no sale siempre todo como te gustaría.

Desde fuera, si alguien lo hubiera visto, se pudo ver como una pequeña esfera se introducía en la gigantesca mole metálica sin ruido ni violencia alguna.
Lo que recibió Omnos fue muy distinto, cuestiones de perspectiva espacial:


1. El atronador sonido del vacío cual aullido de bestia agonizante.


2. El movimiento de los objetos saliendo por el hueco a gran velocidad, golpeando como      disparos.


3. El meteorito aminorando hasta quedar quieto a un par de metros de la cama.


Abrió los ojos mientras su cuerpo se lanzaba hacia la oscuridad silenciosa por el agujero de metal retorcido, por un segundo, le pareció que seguía soñando y el deseo de café le dominó junto a un leve malhumor de recién despertado. La falta de oxigeno, el frío y sus objetos personales golpeándole en la huida, le hicieron aposentarse en la supervivencia adecuada para estos casos.
Mientras el cable que le mantenía atado a la nave quedaba tirante y él comenzaba a dar vueltas cual satélite, pulsó dos botones, el primero expandió el casco del traje y sus extremidades con un sonido neumático, aislándole del exterior. El segundo comenzó a enrollar el cable que cual cordón umbilical, le unía a su pequeño refugio frente al infinito. Alguno de los jirones metálicos que se lanzaban al exterior, bien podían haberle arrancado la cabeza, pero Omnos siempre despertaba con mal humor y en este caso, le sirvió de acicate para esquivar las piezas mientras maldecía con toda clase de improperios galácticos. Cuando vio la caja de café marcharse, el instinto de autoconservación se le anuló por un segundo y activó los propulsores para atraparla.
-Tú no, pequeña. Dijo sin ser escuchado por nadie. Distraído por el rescate, una lámina del casco de la nave cortó el traje y se llevo un pedazo del brazo a vagar con ella por las estrellas. Quedándole segundos de oxígeno, se lanzó hacia el hueco dejando un rastro de esferas perfectas de sangre a su vuelo, mientras el corte del traje se alargaba dejando al descubierto su torso flacucho, se agarró como un mono con la mano libre a la flor de hojas dentadas del casco roto y entró, le habría gustado parar a contemplar el caos imperante, pero para eso ya tendría tiempo y el rescatado café, así que tirando y alargando el cable, se arrastró hasta la sala de máquinas, hizo algunas modificaciones en los engranajes y agarró una lanza plateada, bajó con ella y al lanzarla hacia el hueco, de su parte central salio un disco azulado y transparente que midiendo las dimensiones a gran velocidad, quedó cubriendo el foco del desastre.


El silencio regresó junto con la gravedad, los objetos que se agitaban quedaron inmóviles, lo que segundos antes se lanzaba desesperadamente hacia la salida cayó, las esferas de sangre hicieron splitch y plotch mientras dibujaban formas líquidas sobre el suelo. Con el zumbido electromagnético del disco sonando de fondo, Omnos se levantó trabajosamente tapando la herida con la mano, con la sangre goteando entre los dedos. Resoplando se dirigió hasta el forjador cárnico y dejó caer el brazo sobre la máquina. Una gran aguja al final de un brazo robótico, repasó el brazo con luz, analizando los daños. Un par de pitidos después, la aguja se abrió como patas de araña de cuyas puntas salían laseres rojizos, que recorrieron el brazo tejiendo la herida y reponiendo línea a línea atómica, el pedazo faltante.


Dos horas después, Omnos se encontraba sentado con un nuevo traje espacial, su brazo recién hecho estaba tendido sobre la mesa, aún sensible por la operación, las nanomáquinas reconstruían el casco con millones de sopletes diminutos, los escuadrones de hormigas centelleantes cubrían la rotura devolviendo el casco a la normalidad. 

Y por supuesto, una enorme taza de café humeaba, como único foco de paz y orden en mitad del revoltijo de enseres repartidos y destrozados por toda la habitación.
Sorbía su café y sonreía levemente, aunque un examen mas cercano revelaba que sus cejas mantenían la tensión sobre los ojos, que miraban el meteorito perfectamente circular que se hallaba en el rincón. Tenía el color meteoro propio de estos astros inquietos, aunque se le había ido pegando mierda espacial negruzca de texturas de lo más sospechosas. Omnos hizo lo que cualquiera haría, y le arrojo una chatarra que había por ahí a ver que pasaba. Para su decepción, no pasó nada en absoluto, así que fue probando toda clase de tácticas consecutivamente mientras el café le calentaba las tripas y animaba su espíritu científico.


Lo aporreó con un palo sin moverlo un milímetro, le dio patadas, le disparó con el bláster y el disparo salio rebotado pasándole cerca de la pantorrilla, trato de analizarlo con los lectores de la nave y no salía ninguna información. Cuando creyó haberlo probado todo, volvió a sentarse mirándolo con ira y le dijo: -Estúpido montón de mierda, ¿por que tienes que venir a joderme?, voy a tirarte por la borda, cabrón de mierda esclerótico, dilarrimido, frezonfrío, arrítmico hijo de mil putas, para que te pudras en los brazos del dios loco de este mar de vómito y esputos.
Aquí habría que aclarar que largos años de travesía espacial, no suelen hacer ningún bien a la cabeza, y Omnos había cogido costumbres que a algunos pudieran parecer peculiares, como hablar solo debatiendo las grandes ideas del hombre (si otro hubiera podido escucharle, habría percibido rápidamente lo absurdo de todo lo que decía, pero no le habría corregido, debido a la pasión delirante de la que hace gala cualquiera sin contacto humano). Hablaba consigo mismo dividiéndose en varias versiones de sí mismo que se enardecían en discutir toda clase de nimiedades, decía insultos cuando le importunaba el mas mínimo batir de alas de un moscadron, decía toda clase de insultos, llegando a saltarse incluso las más elementales normas de la lógica o el vocabulario básico interhumano. Incluso a veces, le gustaba aullar y gritar, variando los tonos de su voz, pensando que componía alguna clase de obra poética o musical con su orquesta de alaridos dementes atravesando la estancia, en la cual imaginaba a sus otras personalidades opinando sobre el disarmónico espectáculo. Y muchas cosas mas que jamás podría entender nadie que no haya naufragado como mínimo, en las llanuras de la constelación del cisne.


En cualquier caso, en ese momento cayó de la esfera algo de polvo, y se formó un pequeño agujero, que fue ensanchándose hacia arriba y abajo en línea recta hasta partir la esfera en dos mitades iguales. Omnos se acerco despacio con la boca rígida y la mano derecha apoyada en la culata del bláster reglamentario, (reglamentario si no quieres que te jodan los piratas espaciales, claro está), tratando de ver por la pequeña ranura que recorría la esfera, y la empujó con cuidado. Las dos mitades cayeron a los lados dejando al descubierto una columna de carne de medio metro de ancho que rezumaba líquidos blancuzcos y púrpuras, la carne fluía sobre sí misma dando la impresión de que bajo ella se movían gusanos constantemente, sobre ella se encontraba un hombre acurrucado, de la misma sustancia que la columna, en algunas partes parecía una pierna perfectamente normal y en otras se podía ver el hueso al aire o el músculo a medio hacer. Mientras Omnos se acercaba tratando de no tocar el charco con las botas, para ver el rostro de la criatura, ella abrió todas sus extremidades a la vez, estirándose exageradamente como tras una larga siesta. Suspendida sobre la columna unida en la espalda, comenzó a reír mientras se agitaban en el aire los brazos y piernas espasmódicamente. Omnos, con el ceño tan fruncido como puede tenerlo alguien tan malhumorado, salto atrás y saco el bláster, apuntando a lo que le parecía posiblemente, la cabeza. -Tienes 10 segundos para comunicarte conmigo ser, o te haré pedazos antes de que caiga un moco más en mi nave. 


El ser no respondió y comenzó a incorporarse mientras la carne de su espalda se separaba de la columna, Omnos hizo un disparo de advertencia y la luz pasó volando a escasos centímetros de su probablemente, cabeza.
- ¿Qué te he dicho, cabronazo?, ¡Quieto!
-Está bien, que poco hospitalario te has vuelto, amigo. Dijo la criatura mientras giraba la cabeza hacia él.
La cara era humana en su mayor parte, exceptuando que aproximadamente la mitad dejaba al descubierto el hueso de la calavera y una maraña de músculos colgantes se balanceaban por él. La sonrisa de hueso parecía exultante, si es que se podía discernir algo en aquel caos sangrante.
-Rad. ¿Qué te ha pasado? ¿Dónde estabas?
-Lo he encontrado, Omnos, he encontrado a un dios, el corazón destellante del universo, ya no tengo preguntas, solo respuestas y vida.
-¿Pero que demonios dices?, llevo ocho años buscándote ¡Ocho años!, hace tres se te dio por muerto y me ordenaron regresar a la tierra, pero ignoré la orden y continué buscándote, sin fondos he tenido que robar recursos y asaltar estaciones espaciales abandonadas como un vulgar bandido. ¡Yo, el más intrépido capitán de los exploradores espaciales, reducido a un criminal perdido en las fronteras del fin de la luz! Cuando regrese probablemente me someterán a juicio, y será peor si no te encuentro. Dime, ¿Te he encontrado? ¿Eres tú?
-No, mi viejo amigo, ahora soy más de lo que mi cuerpo humano nunca fue, domino la peculiaridad del infinito y los campos de fuerza de la energía prima, soy parte de la manada hambrienta que cabalga las estrellas sometiendo el desorden y embelleciendo la casualidad de la muerte.
-Rad por favor, para un segundo, necesito que me expliques qué te ha pasado desde que partiste en tu misión para recoger muestras del origen de la vida en la tierra, siguiendo las pistas del mapa genético a través del universo. Y estaría también interesado en saber, no te ofendas ¡Por qué cojones tu cara parece haber sido atropellada por un puto camión, o por qué has estrellado un puto meteorito en mi nave, joder!


Rad, algo sorprendido perdió la sonrisa unos segundos y luego, como pensando en sus cosas, movió la carne de su rostro tratando de cubrir las oquedades, a pesar de ello quedaron cubiertas solo parcialmente con algunas tiras de carne tirante, por lo menos ahora se reconocía un poco más su viejo rostro, tras esto, la sonrisa regresó y dijo:
-Ja, tú siempre tan amable y sencillo, eres adorable, como recordaba. Supongo que tu escasa comprensión de los eventos galácticos metafísicos, me obliga a explicártelo en términos más simplistas. En fin, cuando hace nueve años me marché con mi equipo en busca de respuestas acerca de nuestra concepción como raza, de los genes donde se encuentran las sutilezas del alma, tenía una idea aproximada de donde podía hallarse el sistema solar alfa, ya sabes, aquel mito que habla de un centro en el universo, la zona cero de la primera explosión desde donde el universo comenzó a expandirse, el primer
lugar en ver el tiempo nacer. Tras dos años de viaje hiperlumínico, perdimos las comunicaciones a causa de un cerco de agujeros de gusano que interfería, parecían formar una frontera en torno a esa lejana región del espacio aún no descubierta. Aquel sistema era árido y de planetas negros sin valor alguno, pedazos de roca, como los solemos llamar, que orbitaban en torno a un gigantesco planeta de superficie en movimiento, ocupando el lugar donde generalmente se encuentra el sol de un sistema. En las primeras lecturas imaginé que estaba cubierto de agua, pero al acercarnos vi que la composición era muy similar a la de la carne humana, mejorada por algunos elementos jamás vistos con anterioridad. Con la oposición de toda la tripulación, les obligué a tomar tierra, no sin antes un violento motín que me obligó a ejecutar a varios subcapitanes científicos por el camino, pero en cuanto me aseguré de sellar la armería guardando conmigo un tecnoescudo y un demoledor de taquiones, las discusiones acabaron rápido.


En cuanto bajamos, de la tierra misma comenzaron a surgir extremidades y tentáculos, rodeando la nave y engulléndola hasta que la superficie quedó exactamente como estaba. Al ver como nuestra única vía de regresar a la nave nodriza era sepultada por cartílagos violáceos, como podrás imaginar, cundió el pánico. Ignorando mis órdenes comenzaron a correr en todas direcciones siendo uno a uno devorados por el planeta. Ah, si hubieras oído sus gritos de horror, las pobres invocaciones al dios barbudo, las menciones a sus seres queridos mientras sus bocas se llenaban de viscosidades alienígenas, sus manos descendiendo bajo el suelo tratando de agarrarse al aire con los dedos rígidos como arañas envueltas en su propia red... Afortunadamente, al ser el único con la armadura de combate puesta como medida de seguridad para otras rebeliones, llevaba mis botas gravitatorias y flotaba sobre la sustancia, aunque los tentáculos se lanzaron hacia mi, comencé a surcar la superficie ayudado por los propulsores, esquivándolos con las mismas maniobras de vuelo que practicábamos en la holosala cuando entrenábamos para capitanes. Los tentáculos adoptaban toda clase de formas para atraparme mientras hacia giros y retrocesos para evitarlos. El lector del casco me guiaba al centro de las pulsaciones eléctricas que daban sus órdenes a la carne, el origen de su movimiento. Una vez en las coordenadas, me di cuenta de que se encontraba bajo la superficie, a muchos kilómetros de mi, los tentáculos trataban de agarrarme, rozando la armadura, así que decidí disparar el demoledor hacia abajo, imagínate, a máxima potencia abrí una brecha en la superficie de unos cien metros, entrando rápidamente por ella mientras la sustancia la cerraba, rodeando mis escudos mientras continuaba disparando hacia el centro del planeta, si me hubiera quedado quieto, habría quedado atrapado cual insecto en ámbar, pero avancé a toda velocidad sin darle tiempo a pegarse a los escudos, atravesando el túnel que iba abriendo el demoledor, cercenando sin cesar aquella inmensidad de carne viviente, de la cual salía despedida la sangre y otros líquidos incalificables desde las enormes heridas.


Cuando llegué al centro neurálgico del planeta, caí en una pequeña sala circular, sin nada destacable aparte del hecho de que hubiera una sola zona libre de carne, al final de ella comenzaron a alzarse figuras, que trataban de imitar a mi tripulación, sus ropas y rostros se configuraban en aquel barro siniestro, hasta tenerles a todos delante, con los ojos huecos, la boca en un gesto neutro y estúpido y la imitación de ropas vibrando en la fluctuación subterránea que dominaba el planeta.
Comenzaron a hablar a la vez, con la misma voz saliendo de todos los rostros muertos y haciendo pausas para buscar la mejor manera de hacerse entender, como imaginaras, mi demoledor zumbaba apuntándoles directamente mientras el sudor cubría mi nuca dentro del traje, esperando la gran trampa del metaplaneta cernirse sobre mí como una bota aplasta una hormigoide.


-Tú, el que sobrevive con maquinas, eres también carne hirviente dispuesta para la unión. La voluntad es una ilusión útil, pero enferma de nacimiento, tú el que se muere estás aquí por tu nombre primero, puedo esperar para que tu uno se marche, porque tu uno ha llegado cerca de El que no sueña, yo te puedo dejar ser, unas unidades de tiempo más, yo tengo tus otras cabezas, tus luces que dicen, pero estos no son tu uno, hablemos.
-Oh tú, El que no sueña, desconozco si puedes matarme ahora, pero estoy preparado para eliminar mi cráneo si lo intentas, y no dejaré mi luz que dice para ti, solo puedes tenerla si viaja como ahora, en mi hogar eléctrico.
-Uno, la muerte no existe aquí, agarras el ser como única vida, tú no tienes nada aquí sin sueño, solo máquinas sin átomo, tú el que no regresa, puedes hablar si tu ser quiere más de uno, pero tienes que cambiar a no soñar cuando máquinas abandonan átomo.
No había pasión ni interés en su discurso, solo fría lógica y eternidad, no sabía cuánta batería le quedaba a la armadura, de modo que decidí ir al grano antes de morir en mitad de la bestia interminable.
-Basta de detalles, ¿Quién eres tú? ¿Eres nuestro ancestro, nuestro creador? ¿Por qué yo soy uno y tú no?
-Yo viajo sin tiempos que cortan, fuera de los hilos que cosen la edad, muchos viajeros pero yo enfermo sin muerte, un cambio de sitio de silencio a otro, pero piel de este espacio joven, no resiste peso de El que no sueña y se rompe, explota la oscuridad por tensión de piel sin tiempo, tiempo que llega conmigo, porque yo falto a la ley de viajeros y sueño, hay tiempo en mi sueño y explota la luz hija del ser no-uno. Yo enfermo, espero otro viajero que apaga mi viaje, pero ellos no hallan mi cuerpo. Yo regreso a no soñar, pero el tiempo ya ha empezado y otras vidas, conciencias, surgen, distintas a mi, hijas de luz y tiempo, yo escucho, esto no es bueno para el silencio rey de los espacios.
Pero no hago nada, porque este lugar sellado por el accidente, fuera de otros que viajan, esta lejos de rey silencio que ordena la nada para que sobreviva lo que no muere, lo que es por sí mismo y da paz al ser esencia, en todo espacio. Si no puedo escapar a otros silencios, prefiero ver lo que sucede, mucho ruido, pero yo en asombro de cosas pequeñas en muchos planetas, hago estudio, existe en mi una historia, esto no es la ley, pero no importa, yo que no sueño aquí, soy nuevo viajero en una casa sin puerta, donde no todo es silencio, necias motas de luz divierten, invento el "divierte", a veces el eco de mi observar escapa, seres tienen cosas dentro por mi y no saben, ya no más cáscaras, ciegos con gotas de viajero que solo una vez sueña. Como el uno que tú eres, crees solo y tus átomos se mueven con los hilos y el tiempo, tú no dirás nada fuera de mi observar, pero nunca una mota estuvo cerca, esto divierte tanto como el insulto a rey silencio que es mi canción inalcanzable.
-¿Me absorberás cuando mi átomo termine? ¿Dónde estará mi uno entonces?
-No importas, si tú tienes memorias más allá de ti, puedes ver que tu mota es luces que se mueven en otro cráneo mas grande, yo uno a mí lo que es vida, solo eres aquel perdido que vuelve a casa, no soñar es el universo quieto, lo que sueña se agota por
velocidad y tiempo, su color se deshace para dejar tierra en blanco, si todo sueña, demasiada tierra en negro sin nada que observar. Ningún silencio desde el que viajar o en el que dormir.
-Tú que no sueñas, puedo observar contigo, darte más historia, mostrarte como se ve desde aquí el ruido, permíteme conservar al uno, te lo suplico, vengo de muy lejos para entender, no quiero desaparecer sin respuestas, la eternidad no es hogar para un mortal.
-Joven, demasiado joven, ojos pequeños, no se abrirán mas allá del tiempo, dejaré tu uno entero, te devoro ahora y quizás tu uno sobreviva, lo dejo en cápsula, aislado de mi despertar, pero solo nadando, podrás rescatarte de lo inmenso, depende de ti tu deseo, imitando el sueño al que jugáis las criaturas hiladas de tiempo. Curiosidad solo, más divertido, criatura de contacto intermedio, yo no aprendo contigo, pero aprenderé de ti si sobrevives, juguemos, ojos pequeños, a lo desconocido.


Entonces mis escudos cayeron, con sus baterías atómicas agotadas tras el gran esfuerzo y El que no sueña, me consumió en su limo rojizo, atravesando cada poro y orificio, la sustancia me inundó imparable, separando cada partícula de mi ser, abrazando mis órganos y separándolos en partículas demasiado diminutas y elementales para haber sido descubiertas por el hombre, sentía la quietud de estar flotando agua helada y mi mente, se diluía con la tirantez propia de hallar una cama cálida, tras días sin dormir.
Estuve en silencio mucho tiempo, asfixiado en sueños de otros reinos, derrotada mi línea de lógica, vagaba perdida mi consciencia en tremendas visiones, hundiéndome en ideas cuyo sentido podía rozar pero jamás asumir, he caminado la frontera del delirio, errante en la casa de los dioses, he recorrido el laberinto de los secretos sin poder hablar más que con el eco de mi locura, mis ojos quemados fueron pasto de la flama divina, de la idea pura que golpeándome, no me pudo asesinar, y yo no pude entenderla.
La lucha ha sido salvaje, suspendido en el páramo sin tiempo he vivido mil edades por cada segundo aquí, en el viejo cúmulo de galaxias. Somos unos insectos idiotas, Omnos, he sido un necio creyendo que podía domeñar la ola de lo eterno, pero la costumbre del uno, mi miserable egoísmo, el rechazo del todo basado en mi individualidad practicada fieramente desde que como raza, nacemos, se conservó como el último cabo de la cuerda que me salvaría del abismo, ser la única neurona que se sabe ahí, en la mente de un ser con fiebre interminable.


El que no sueña cumplió su palabra, dejó intacta mi luz, aunque no volvió a hablarme. Como parte de él, si bien todos lo somos, yo soy su más próximo hijo y le escucho en un lenguaje basado en sensaciones, en pulsaciones eléctricas sin palabras, su lenguaje recorre mi ser como un paisaje de ruidoso color ardiente que se mira, hacia dentro de la propia carne. Tras una lucha que se me antojó eterna, logré escapar habiendo comprendido lo suficiente como saber que tenía que huir y darme por conforme tras haber asimilado tan solo una milésima parte de lo presenciado en la entraña del despierto. He sido afortunado solo por haber logrado no disolverme y mantener mi mente lo suficiente como para salir de allí. Logré dibujar mi cuerpo en la superficie del planeta, hacer una estructura aproximada de lo que fue mi cuerpo, tras muchos ciclos rehaciéndome. Imagina cuantos cielos pudieron presenciar mis ojos solos cuantas estrellas nacer y morir, trazando líneas de luz en la rotación del planeta encarcelado, clavados en la inmensa carne, mientras rehacía cuidadosamente un sistema nervioso, unos órganos, salidos de la imaginación, parecidos en forma a los anteriores, pero de capacidades superiores, creo que me parezco a como fui, solo por una melancolía de haber estado vivo.


Omnos repuso algo más tranquilo, pero aún cerca de su arma la mano, y cerca de su adrenalina sus sentidos:
-Amigo, has tardado demasiado en regresar, ahora cuando te miro me pareces irreal, como si hubiera perseguido, más que tu voz el recuerdo de alguna vez, no haber estado solo, ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo me has encontrado en mitad del espacio?
-Omnos, nos hermanaba precisamente que aún juntos, podíamos conservar nuestra soledad intacta en el fondo de los días agradables, como preparándonos para un fin del mundo, para unos días siniestros que no llegan nunca, pero te mantienen vivo. He sentido tu brillar demente, tu mente gimiendo en el oscuro me ha llamado mientras dormías, ahora que escucho el soñar de las existencias como paraísos perdidos, escuché tu voz como una pauta antigua de mi ser, retorciéndose en el vacío. En cuanto me alcé entre la carne, de pie y uno sobre la masa, mis orejas imaginadas te oyeron claramente en la sintonía de innumerables voces a lo largo de los años luz. Tardé bastante más en aprender a desunirme de El que no sueña, a recorrer el vacío con mi cuerpo nuevo, a entender que no podía morir de modo alguno y poder construir en torno a mi esta esfera de viaje con la forma más aerodinámicamente adecuada para la velocidad e impulsarme hasta aquí, me pregunto si se sorprende ahora, viéndome aferrado a un simple humano en lugar de recorrer los mundos con las alas y recuerdos de un dios. Lamento el estropicio, pero es mi primer aterrizaje y es cierto, así de frágil era yo también, es difícil encontrar todos los recuerdos y ordenarlos entre la selva de imágenes que me inflama la cabeza. Creo que el plan, ¡Jajajaja! que tontas palabras usáis de sentido parcial en constante malinterpretación, perdona, es que es tan rudimentario que me cuesta usarlo, en fin, creo que el "puto" (como dirías tú) plan, consiste en hacerte inmortal mi amigo, guiarte a través de la carne pensante hasta que puedas desunirte, conmigo tardarás menos que yo, hacerte inmortal, para poder tener otra perspectiva de mi estado, compartir los datos que extraigas de El que no duerme, y luego partir hacia la tierra y ayudarles a escapar de sus limitaciones, crear la primera raza eterna del espacio y después... ¿Quien sabe lo que lograremos entonces, con un poder superior a todo lo conocido? Con una mente unida en la carne, atravesando el espacio en busca de conocimiento, sin hambre, muerte o pena, quizás incluso podamos abrir la frontera del tiempo, ser nosotros mismos viajeros eternamente despiertos.


-Rad, te puedo asegurar que como acerques siquiera una pulgada de esa mierda a mi pellejo te reventaré a tiros, por mucho que me alegre de verte, no he visto tus mundos perdidos, solo te he visto casi matarme dentro de un meteorito y hablarme con media mandíbula colgando durante diez minutos, sabes bien que no voy a aceptar a unirme a nada, moriré patéticamente atragantado con un hueso de metaceituna en la garganta y marcharé con el Rey silencio o a donde cojones sea, con la misma tranquilidad de un anciano paseando en domingo, me gusta ser humano, ignorante y estúpido, me gusta como huelo cuando no me ducho, me gusta hacerme sangre cuando me rajo, no quiero la paz, quería traerte de vuelta a casa, pero tú ya no tienes casa a la que regresar. ¿Por que no viajas descubriendo tus misterios por la galaxia con tu inmortalidad y me traspasas el conocimiento de vez en cuando, ya sabes, a la antigua, con papel y lápiz, nos tomamos un café y hablamos de las maravillas que hayas presenciado, en fin, sin metamorfosearme en una masa muscular amorfa sintiente?
-Omnos, no puedes negarte, voy a hacerlo quieras o no, te he echado de menos, perdóname pero aún no soy perfecto, tengo querencias y esperanzas ¿Es que tienes preferencia por alguna muchacha, que a buen seguro ya te ha olvidado? ¿Te gusta resfriarte? ¿El olor a mierda cuando cagas? ¿La masacre planetaria que se lleva a cabo en casa? No seas hipócrita, esto es lo mas parecido a una solución que has visto jamás, piénsalo y...
No pudo acabar la frase porque un bláster había cercenado la mitad de la cabeza con un destello blanco, los líquidos saltaban en todas direcciones desde la carne cortada.
-No. Sentenció Omnos. -Yo no obedezco, yo no admito amenazas.


Salieron del cuerpo decapitado un millar de agujas de hueso disparadas hacia Omnos, que activo sus botas gravitatorias en modo de tracción, saltando rápidamente hacia el techo y corriendo por él mientras disparaba el bláster hacia las agujas que no le daba tiempo a esquivar, desintegrandolas. La columna de carne se configuró en un largo tentáculo, que distraído por las agujas, no vio hasta que le agarró por la espalda, lanzándole contra la pared una y otra vez, Omnos continuaba disparando a la lluvia punzante, -¡Que te jodan!, ¡Ocho años, hijo de puta! Y multitud de cosas semejantes gritaba a cada golpe que recibía, demasiadas como para enumerarlas sin extender demasiado la exacta reconstrucción de los hechos. La masa se acercaba a su cuello desde el tentáculo, dispuesta a absorberle, Omnos salio del traje por delante, conservando puestas tan solo las botas y el mono estándar, dejando el traje en manos del tentáculo, que lo devoró en segundos, mientras ponía el bláster en modo cortante, de modo que un disparo quedó suspendido, unido a la boquilla del arma, de una longitud de algo mas de un metro y con él cortó el tentáculo, que quedó en el suelo, tomando una forma humanoide que en lugar de manos, tenia largas guadañas de hueso, en su rostro informe solo se adivinaba una sonrisa de venas de las que caía sangre sin cesar. Sorprendido y acorralado por los proyectiles, huyó a la sala de mandos maldiciendo. En un rápido vistazo vio como su habitación se recubría casi por completo de la masa sanguinolenta, mientras delgadas venas subían por las escaleras junto a el ser humanoide, que se lanzó contra él dando rápidos sablazos con sus guadañas, Omnos descubrió que el filo del blaster no podía cortarlas e iba rechazándolas golpe a golpe, soltando destellos blancos contra el hueso. 

Viéndose superado, el ser hizo crecer guadañas también de los pies, y Omnos cedía ante la velocidad y frecuencia de los golpes que le asestaba sin descanso en pálida danza, la criatura se movía con rápidas estocadas, doblando las extremidades de maneras imposibles como una marioneta desvencijada. Omnos saltó hacia el techo buscando espacio pero el ser saltó encima de él, tumbándolo en el suelo, clavando las patas a su alrededor y comenzó a crecerle un pico en mitad del rostro que se alargó en un segundo, dando forma a la quinta guadaña que se dirigió hacia la cara de Omnos rápidamente, el cual la detuvo con su hoja en el aire, antes de que le alcanzara, las venas se unían a la espalda del ser, palpitando con violencia, aumentando su fuerza, Omnos bajaba el blaster hacia sí mismo, exhausto, cegado por el brillo su propia arma que se le acercaba a la cara.

Puso la suela de su bota en el torso del ser y la cambio a modo repulsor, Omnos se estampó contra la pared que le quedaba detrás y el ser contra la de enfrente.

Aún viendo los destellos oculares propios de contusiones craneales, apunto a la masa con el bláster y lanzó el filo que había estado usando de espada, empalándola contra la pared, aunque para su desgracia, antes de que el disparo disipara su energía, la carne ya se deslizaba hacia el suelo con grandes goterones, cubriéndolo y tratando de llegar a él.
Con gran horror vio como por las escaleras, subía una procesión enloquecida de seres de hueso, Rad debía de haberse dado cuenta de que el hueso era inmune al bláster y había creado un pequeño ejercito de lo que él creía recordar como animales terráqueos junto a espantos salidos de sus visiones. Los huesos repiqueteaban contra el suelo como una canción de campanas fúnebres y solo se veían dientes monstruosos y extremidades punzantes en aquella marea de criaturas enloquecidas, movidas por pequeñas venas que les unían a todas. Omnos, visualizando claramente su pronto despedazamiento a manos de las abominaciones óseas, saltó hacia el último piso repeliendo la pared con las botas y tras pasar por la trampilla, la disparó para fundir el material y ganar unos segundos antes de que la muchedumbre esquelética le alcanzara.


En esos segundos, programó las nanomaquinas trastocando los engranajes de la sala de máquinas, se puso un nuevo traje espacial y agarró un contenedor de combustible atómico, maldiciendo sin cesar con palabras que ofenderían al más salvaje de los piratas espaciales. El ejercito entró destrozando la trampilla en tromba, rechinando el hueso unos contra otros en el afán de rajarle todas las extremidades posibles, saltando hacia Omnos, que atrincherado contra el fondo se engancho con la cuerda de salvamento a un engranaje cercano, lanzó el combustible contra la pared y le disparó con el bláster, provocando una explosión tremenda, que agujereó el casco de la nave y se llevó tanto a Omnos como a todas las criaturas hacia el espacio.


Omnos se quedó unos segundos viendo las criaturas salir despedidas desde la nave, pareciéndole una visión extraña, sintiéndose fuera de la situación, como un espectador asombrado por aquellos gestos esqueléticos agitándose en el aire, tratando aun de alcanzarle hasta que desaparecían a lo lejos. Le pareció asombroso, hasta que vio que algunas habían aguantado clavando las garras y ahora se lanzaban hacia él, unidas aún por las venas, antes de romperse por la distancia. Encendió el bláster sacando una nueva hoja y fue golpeándolas según se le abalanzaban, la cuerda se recogía mientras lanzaba con enérgicos cortes a las bestias a los lados de su ruta. A unos metros de la nave, una de ellas logró cortar el cable antes de salir volando. La inercia no era suficiente para contrarrestar el empuje del agujero, de modo que se apoyo en la enorme cabeza huesuda de lo que casi parecía un caballo de colmillos enormes, dobló las rodillas y saltó dando vueltas en el espacio hasta pegarse a la nave con las botas gravitatorias, de pie sobre el casco, mirando como los huesudos volaban como marionetas sin hilos, no pudo evitar lanzar una histérica risa exultante.

Mientras Omnos deliraba exultante, en el interior de la nave los nanobots analizaban con sensores de luz verde eléctrico el interior de la nave, buscando y despegando la sustancia con sus miles de sopletes diminutos, que comenzó a salir despedida por el agujero en enormes esferas rojimoradas cuyos bordes se dibujaban en forma de tentáculos, manos, ganchos y en general extremidades que trataban de asirse a algo en mitad de su parábola giratoria. Tristemente, la carcajada de Omnos se vio interrumpida por un árbol de venas que avanzaba por la superficie del casco hacia sus piernas, siendo rápidamente sustituida por un elegante: -¡A la mierda, pedazo de mierda astroterrifico, tripas de cerdo muerto! ¿Me oyes? ¡Cerdo muerto! Las venas se alzaron exudando músculos y huesos, creando mientras Omnos huía, una mole de bocas dentadas que, de no ser por el silencio espacial, podríamos suponer que gritaban como un coro de niños recién nacidos, la torre de bocas gimientes recorría la nave alargando los dientes hacia Omnos, que esquivaba una y otra vez las dentelladas saltando y agachándose. 


Finalmente quedó sitiado en el borde de la nave, frente a los propulsores, que lanzaban llamaradas atómicas de colores imposibles, se dio la vuelta mirando a la monstruosidad que avanzaba, extendió la espada del bláster con un silbido blanco y miró en la pantalla del traje que la limpieza del interior estaba acabando con un aumento de la temperatura ambiental. Comenzó a correr hacia la bestia dentada, que lanzó sus bocas mordiendo el aire como una jauría desbocada, Omnos situó la hoja sobre su cabeza y en mitad de la carrera, saltó directamente hacia ella dando vueltas en el aire, la hoja trazaba un disco perfecto sobre el y atravesó a la criatura mientras fragmentos sanguinolentos y dientes sueltos se esparcían en espirales a su alrededor. Cuando cayó tras ella, dejando un gran agujero en mitad de la monstruosidad, se giró y dibujó cientos de líneas brillantes en la carne restante, despedazándola a mayor velocidad de la que podía reconstruirse, los pedazos quedaron por un segundo flotando, moviéndose lentamente para unirse de nuevo, pero Omnos comenzó a dar patadas con el repulsor de la bota a cada pedazo suelto y mientras la otra pierna se mantenía unida al casco, los pedazos fueron golpeados hacia los propulsores de la nave, desapareciendo en las llamas uno tras otro en un silencio sepulcral. 

Cuando jadeando, hubo acabado de atomizarlos a patadas, disparó a los pedazos restantes que reptaban por el suelo, aún con serias intenciones de joderle, hasta que lo único que quedó de la torre dentada eran charcos esféricos llevados por la inercia hacia la oscuridad.
Omnos regresó al interior, disparando a los pocos pedazos de carne restantes, que aferrándose al suelo y paredes mantenían una microbatalla con los nanobotos, reproduciéndose mientras las maquinas lanzaban sus hilos centelleantes sin descanso, cuando en los sensores no se apreciaba señal alguna de Rad, ordenó a las máquinas suturar el casco de la nave, que si bien tuvo nombre hace tiempo, Omnos había olvidado lo que ponía en las letras de aquella placa borrosa, considerando quizás más divertido, ponerle nombres aleatoriamente según su estado anímico jamás estable. Desde la sala de mandos rastreó cada partícula de la sustancia, disparándolas con los cañones de vacío sólido que tenía en su proa, hasta asegurarse de que no campaba un solo átomo del despierto, flotando amenazante por aquella apartada bahía estelar. A pesar de todo, haciendo gala de una fulgente estupidez, Omnos guardo un pequeño pedazo de Rad en una cápsula de cienticristal, cuyas ondas magnéticas empujaban constantemente hacia dentro con tal fuerza que impedían su crecimiento, de modo que tan solo se veía una esfera cárnica rojinegruzca del tamaño de un puño flotando en el tubo, oscilando ligeramente de arriba a abajo.


Se sentó en mitad del caos con una ligera sensación de deja vú, pensando en como una vez acabada una hecatombe, la siguiente había llegado sin darle tiempo a sentirse siquiera, un poco desgraciado.
-Supongo que la luz en los océanos estrellados, es solo una excepción. Habitamos acojonados esos pequeños pasillos esperando que lo infinito, pase de largo.
Estaba a punto de derrumbarse ahí mismo, en mitad de sus abolladas posesiones, con sobradas ganas de autocompadecerse un rato, mirando a ras de suelo las ruinas del interior de la nave, cuando instintivamente miró en la dirección de su última caja de café (obviamente café del futuro, un remáster sintético del viejo clásico agrícola).

Recordando la orden que había dado a los nanobots en mitad de la mortal refriega. Y ahí estaban, amontonados unos sobre otros, forjando un tapiz metálico en hormigueante movimiento sobre la caja, anclándola a la mesa pese a tracciones inoportunas.
-Ja, ja, joder, señor bendito, no puede ser. Dijo con el tono suave de alguien hecho polvo tras un titánico esfuerzo y nadie pudo verlo, pero le cayó una pequeña lágrima, tan solo una que desapareció en las profundidades de la escafandra.


El café humeaba frente a Omnos despidiendo aromas calidos, que miraba sonriendo con una felicidad plana y pura, la cápsula de Rad, sorbiendo despacio como el que no tiene prisa por llegar a donde camina.
-Amigo… viejo, viejo amigo... De veras lamento el incidente, pero ya sabes que no me gusta ese tono. ¿Debería haberte dejado consumir nuestra querida bola de mierda para poblarla de mediomandíbulas metafísicos? ¿La he jodido seriamente? Ni puta idea, puede que sencillamente estuvieras infectado por un peculiar parásito timador cuentamierdas convincentes, o puede que aquel que no duerme fuera nuestro señor padre y tú su sagrado enviado, el viejo Rad, un puto Jesucristo de plastilina huesuda, hay que joderse, ¿va a venir a buscarte? Jajajaja, veremos que pasa, en cualquier caso te informo de que volvemos a casa, no se si estrictamente puedo decir que he cumplido la misión de rescate, pero volvemos a casa, tardaremos unos años, pero ahí vamos tú y yo, casi como en los viejos tiempos.


En la bola que flotaba en el tubo, se formó despacio una oreja y se quedó apuntando hacia Omnos.
-¡Hey, ahí estas! Sabía que eras duro de pelar, coño, casi me revientas ahí arriba, cabronazo. En ese caso, tenemos tiempo para charlar hasta que lleguemos, a ver si creas una laringe también, pero mientras, te contare como han ido las cosas por aquí. 

Decías de una muchacha ¿verdad?, pues acertaste, bueno, yo imagino que ya estará casada y con hijos, con todo lo que llevo perdido, ¿pero recuerdas aquella pelirroja de Dextron 7? 
Pues bien, iba caminando por el último prado cuando...



jueves, 4 de febrero de 2016

El descuido.

Hace tiempo
había unos poemas blancos
sudando la tinta
sobre sus caras pálidas
hablando de las tres dimensiones
desde un papel en la mesa
se hacían a si mismos
olvidándose del mundo.

Luego llovió
alguien
no cerro la ventana.
El primer momento fue de pánico
no se podían leer.

El cuadro abstracto
les dijo desde la pared,
ahora es una canción
sin letras.

No les convenció.

¿Y nuestras historias?.
Si os vierais desde aquí,
(contesto el viejo desde el marco)
os daríais cuenta
de que las tormentas
crean bosques a lágrimas
y de las palabras deshechas en arboles.
 El negro adquiere los matices
de algunas noches extrañas
o de lo que se ve con los ojos
cerrados.

Los poemas, más tranquilos
se perdieron observando sus lineas
translúcidas
incluso
vieron
volar a los cuervos
entre las hojas.

miércoles, 27 de enero de 2016

Las ciudades invisibles.

El rey se arrodilla frente a la ultima torre del reino,
hecha pedazos por su ímpetu de conquista y su labio ígneo,
el frío y las largas estaciones devoran los ladrillos de toda efigie,
al rey se le da mejor fundar castillos que mantenerlos,
y siempre acaba arrodillado, frente a la ultima torre.

Las mareas de cuervos estimulan la locura desde las alturas,
los muertos boquean gusanos en cada esquina,
el silencio tañe el cielo como un sudario con voz,
la melancolía del constructor de reinos es por una vez,
mas ancha que sus fronteras.

La corona se desliza hasta hasta el suelo y repiquetea
hasta quedar yerta al lado del monarca sin nación,
-Puedo ser monarca de mis ágiles piernas y mi febril sueño,
este reino ya no es hogar para hombres.

Y sin duda las bestias campan en derredor
esperando un alma que se ofrezca
a su propia destrucción
al sueño interminable de los débiles
en ilusiones.

Pero el rey no lo era antes y podía volver a ser un mendigo,
el rey antes no tenia hogar y ahora recordaba
sus largas marchas por los senderos del bosque,
el amor y fraternidad con sus locos aliados.

-A la sombra de la torre mas bella,
he dormido cien años
pensando que aquí podría dejar de ser
lo que hizo de mi rey un día.

Cuando mis botas se agujereen en las rocas,
mi túnica se aje en los vientos del mar,
mis ojos se laven en la luna,
y mi boca hable solo con la hierba.

Reconstruiré la ultima torre, ya nunca igual
que ésta,
una torre que colapse los sentidos en belleza
y libere el alma en color,
una torre,
donde la luz del alba interminable quiera vivir,
nunca dejare de construirla para que la luz
siempre tenga nuevos paisajes que iluminar.

El tiempo no es nada cuando uno tiene reinos que crear
en la magia de nuevos mundos
el dolor no es nada cuando uno encuentra su casa
y camina hacia el horizonte para regresar a ella.

Así juró nuestro necio y esperanzado rey,
mientras daba la espalda a las ruinas
de lo que creyó el final de su historia.

Así dio la vuelta e inicio la larga marcha
hacia una torre aun por crearse
¿Quien sabe si lo logro tras dejar crecer mil barbas
o aquella realmente fue, la ultima torre?
Solo las ruinas que se alejan,
pueden saber si las historias viven mas
que los monstruos.