sábado, 22 de octubre de 2011

Derrame cerebral a las 8:30 am

Clava codo, empuja, corre, maldice 
hombro a hombro.
Hay un instante de silencio antes de la avalancha
la boca nos vomita
tormenta de pisadas y rumor de suelo agitado
se ha roto el cubo de carne colorido y se desperdiga,
el que se detiene; cigarro, hora, ¿dónde está?,
es una isla varada en la tempestad.

Ojos de silencio atravesado y fotografía del ansia dormida 
sin dirección 
plagados de sentido acechante
en una tierra sin dientes, 
los nómadas del ácido breve han olvidado
la paciencia de la piedra para el paso
                                                            o la espada en el pulmón angustiado, 
hay gritos sobre la marea (y cifras de regalo)
cajas dentro de cajas dentro de almas
un laberinto invisible, para el sacrificio de los elegidos, 
el hilo de Ariadna nos cuelga del árbol metálico
el viento no agita sus cristales apagados
balancea las flores crueles en muñecas y bolsillos.
La belleza de esta serenidad está en saber 
siempre, la hora de la muerte, 
cuando estamos importa en todo donde.
Mecanizados por el aliento de un lobo durmiente las ambiciones cubren nubes de plomo 
fugaz y 
pedimos un deseo con raíles de sirena
la serpiente se diluye en las grietas numeradas del amanecer, 
me siento con mis hermanos de ficha 
                                                            y escucho, es importante.

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